NUEVOS ARGUMENTOS PARA NO VOTAR POR KEIKO FUJIMORI
José Carlos Luque Brazán
El Perú es una
comunidad política que aún tiene el alma desagarrada y dividida, los atentados
dinamiteros, los coches bombas, los asesinatos selectivos y los genocidios
perpetrados por los gobiernos de Fernando Belaunde Terry, Alan García Pérez y
Alberto Fujimori Fujimori, por un lado y Sendero Luminoso y el Movimiento
Revolucionario por el otro. Sus herencias de odios y rencores siguen marcando
nuestras agendas políticas contemporáneas, hemos fracasado en reconciliarnos y
no perdonarnos. La justicia que hemos tenido ha sido una justicia a medias, una
justicia rodeada por la impunidad de muchos de los cómplices de los crímenes del
Fujimorismo, ha sido sin duda alguna una justicia marcada y concentrada en
castigar con mayor prontitud a los “terroristas de izquierdas”, mientras que ha
dejado en libertad o en cárceles doradas a los “terroristas de derechas”, a los
que violaron los derechos humanos y se aprovecharon de nuestra difícil coyuntura
de los años ochenta y noventa del siglo pasado para saquear al Estado Peruano y
robarles a millones de peruanos legalmente sus jubilaciones y derechos sociales
y reemplazarlos por una bolsa de cemento o tristes kilos de arroz a cambio de sus votos.
Hemos perdido poder
como ciudadanos porque hemos perdido la capacidad de comprender que somos
nosotros y nosotras los depositarios y depositarias de la soberanía popular,
hemos perdido poder porque hemos permitido –al desentendernos de la política-
que unos cuantos cientos de políticos y políticas sin escrúpulos se apoderen
del Congreso de la República y dicten leyes que atentan con nuestra propia soberanía
popular. Leyes que han legalizado el dominio de una minoría absoluta sobre
mayorías inermes que no alzan la voz y no levantan el desacuerdo con ellos,
para muestra un botón: El Fujimorismo logró controlar el Congreso de la
República en las últimas elecciones con apenas el 16% de los votos ¿Eso es
democracia? ¿Eso es legitimidad?
Eso es una estafa
política, eso es un asalto político en la esfera pública usando reglas y
procedimientos profundamente anti democráticos. Algo le está pasando a las
llamadas democracias contemporáneas que andan intoxicadas de profundos aires oligárquicos,
por profundas intenciones de seguir creando ciudadanos y ciudadanas de primera,
segunda y tercera categoría. Hemos cambiado el lema “Un ciudadanos un voto”,
por reglas sin contenido democrático. Nos interesa solo simular la legitimidad
de la representación política. Hemos mandado a la ciudadanía al carajo de la
historia.
En el Perú estamos
frente a un profundo dilema, seguir aceptando el actual estado de cosas o
reconocer la necesidad de asumir nuestra mayoría de edad como sujetos
políticos. Una campaña electoral basada en el odio que nos confronto hace 20
años nos llevará ineludiblemente al basurero de la historia. Tenemos una
izquierda adolescente, confundida ideológicamente en sus postulados pero en
crecimiento y que ha aceptado el juego democrático. Tenemos asimismo dos
derechas neoliberales, una populista, devota del ataque artero y de la infamia,
una derecha política autoritaria, promovedora del fascismo cholo neoliberal del
siglo XXI, asociada con importantes medios de comunicación que sólo piensan en
la ganancia por la ganancia y el uso del poder para violar la existencia de los
otros.
El fujimorismo es en
esencia anti-democrático porque nació del amancebamiento del autoritarismo de
Fujimori con el Montesinismo. Es una derecha que ve al Perú y a la cosa pública
como parte de su patrimonio y al Estado de derecho cómo una foto olvidada en el
rincón de los recuerdos de su accionar político. La otra derecha, la de Pedro
Pablo Kuczynski, es una derecha también neoliberal, quizás oportunista pero que
tiene a su favor el no contar con el ADN autoritario del Fujimorismo, es una
derecha oligárquica que producto de los cambios históricos ocurridos en el Perú
ha tenido que aprender a reconocer la existencia de los peruanos y peruanas de
los Andes profundos, es una derecha que responde a los intereses de las
corporaciones internacionales neoliberales pero que al menos dejará un mayor
juego a la oposición política.
La segunda vuelta
electoral es una gran oportunidad para empezar a reconciliarnos y desmontar al
Fujimorismo. Podemos decirle al mundo que el Perú tiene aún esperanza y
dignidad política. Tenemos que reconciliarnos partiendo del reconocimiento del
otro, sin ello volveremos una vez y otra vez a las divisiones y al odio. Por
eso es imperativo derrotar al Fujimorismo este 5 de junio del 2016 con el voto
de todos los que no estamos de acuerdo con sus principios y valores anti éticos.
Es la oportunidad de derrotar a la anti peruanidad. Recuerden que Laura Bozzo es la imagen perfecta para definir al fujimorista promedio.
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