ARGUMENTOS PARA NO VOTAR POR KEIKO FUJIMORI EN LA SEGUNDA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DEL 2016

  



ARGUMENTOS PARA NO VOTAR POR KEIKO FUJIMORI EN LA SEGUNDA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DEL 2016


José Carlos Luque Brazán

“Sin arenas, entonces, de generalización de intereses, discursos y metas y, por ello, con una protopolítica en la que se aprende que en el corto plazo gana (siempre en el corto plazo, pero en un juego en el que nunca hay más que eso) el que más pueda amenazar o dañar al otro, ni partidos, ni parlamento, ni otras instituciones de la democracia han logrado enraizarse” (O´Donnell, 2014: 155).

No podemos caer en el error de considerar que la democracia se reduce únicamente a ser entendida cómo un método para elegir a nuestros representantes en los cargos de elección popular. La democracia es también más que un régimen político, es un modo civilizatorio que nos permite organizarnos, comunicarnos y convivir desde una base protopolítica que progresivamente va cristalizarse hasta dotarnos de instituciones cívicas, en dónde la vigencia y la impregnación de los derechos humanos es una condición necesaria.

En el caso peruano no hemos logrado ni lo uno ni lo otro, tenemos una democracia agotada, suspendida, manipulada por el miedo a ser ella misma un régimen político basada en el Estado de derecho. Las últimas elecciones celebradas el 10 de abril del presente año son un triste ejemplo, sin instituciones electorales democráticas, con un discurso político basado en el miedo y la apelación al terrorismo senderista y al terrorismo de Estado fujimorismo, las distintas arenas políticas en donde se disputaros las contradicciones políticas terminaron transformándose en espacios de boxeo político autoritario lo que obligo a miles de ciudadanos a exiliarse en el ausentismo político ante el acoso de los autoritarios que sueñan con el retorno de la dictadura fujimorista de los noventas.

Las redes sociales fueron un claro ejemplo de este proceso de violencia política, de apelación al terror para provocar la inmovilización del otro, “no votes por Verónica Mendoza, es una terrorista de Sendero Luminoso”; “Si el Frente Amplio gana, liberará a Abimael Guzmán”. Los memes con el mismo sentido fueron un tsunami fujimorista que inundo las arenas políticas electrónicas y desde ahí se trató de imponer la reinvindicación política de un régimen político deplorable para el Perú contemporáneo.

El juego del enardecido y envalentonado fujimorismo se basó en la misma cultura que sembró al Perú de miedo, violencia, exclusión y terror político durante una década, la experiencia democrática de los últimos 16 años no los cambio en su esencia, lo que hicieron fue asolaparse, negociar en el congreso con los esbirros de Ollanta Humala y Alan García y aprobar en contubernio con ellos las reglas electorales que les han permitido en la primera vuelta ser la mayoría política con solo el 27% de los votos.

El Fujimorismo no es un referente democrático, es más bien un fenómeno, un monstruo político autoritario que está utilizando lo que nos queda de instituciones democráticas para alzarse en el poder por los siguientes 20 años y acabar con nuestros últimos aires democráticos por varias generaciones. Un partido político que promueve el voto electoral en base al miedo y al terror por un lado, y dando bolsas de cemento y kilos de arroz envenenados de autoritarismo no es un partido democrático, es un partido autoritario al que solo le interesa ganar las elecciones para después instalarse en el poder y chuparnos la sangre por cinco años y los que vengan en beneficio propio.

No voy a votar por Keiko Fujimori por todas las razones anteriores, no voy a votar porque ellos y ellas no han representado una alternativa civilizatoria democrática por el Perú, no voy a votar por Keiko Fujimori porque nos ha mentido todo el tiempo sobre el legado dictatorial de su padre y porque deseo un Perú democrático, civilizado, que reivindique la política desde el paradigma de los derechos humanos. No voy a votar por Keiko Fujimori porque su ADN político y cultural es profundamente autoritario.

Me dirán algunos que votar por Pedro Pablo Kuczynski no es la mejor opción que tenemos, que es un neoliberal y vende patrias –seguramente hay algo de eso- pero es lo único que nos queda para impedir la total hegemonía de los fujimoristas y eso, para mí es una razón suficiente porque abre al menos una pequeña ventana a la pluralidad política y a la independencia de los poderes del Estado. Seguramente muchos de los que votaron por el Frente Amplio, dirán ¿y a mí, que mierda me importa votar por uno o por otra? si al final del día ambas son opciones de derecha. Les responderé con el siguiente argumento: Hay derechas democráticas y derechas autoritarias. Pedro Pablo Kuczynski nunca ha trabajado para un régimen autoritario y para mí eso me basta en lo mínimo. Mientas que Keiko Fujimori fue la primera dama de una dictadura que inundo al Perú –hasta el día de hoy- de odio, violencia e infamia. El Perú necesita más democracia, por eso no necesitamos a Keiko Fujimori.



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